Presidente: “Sr. Gardner, ¿está de acuerdo con Ben, o cree que podemos estimular el crecimiento con incentivos coyunturales?”

Gardner: “Mientras las raíces estén en buen estado, todo va bien… Y todo irá bien en el jardín… En el jardín… Sí, en el jardín, el crecimiento tiene sus estaciones… Primero llegan la primavera y el verano, pero entonces tenemos el otoño y el invierno… Y después vuelven la primavera y el verano de nuevo.”

Esta es una de las escenas centrales de la película Being There (Bienvenido Mr. Chance), en la que un hombre que ha vivido toda su vida en una mansión haciendo de jardinero, desprovisto de estudios y sin otro contacto con el mundo exterior que un televisor, mantiene una breve conversación con el Presidente de EE.UU., que le permite a éste encontrar el argumento para afrontar la difícil situación económica que atraviesa su país.

Hace pocos días la volví a ver, y os la recomiendo (más si sois fans de Peter Sellers o Shirley MacLaine). Pero en fin, no soy crítico de cine y si os hablo de este film es sólo para detenerme en esta conversación fugaz que mantienen Gardner y el Presidente de EE.UU..

Gardner, el hombre que no ha pisado un aula en su vida y no ha trabajado nunca fuera de los límites de su jardín, le habla al Presidente de la importancia de cuidar las raíces y, a continuación, le recuerda que las plantas crecen al ritmo de las estaciones que se suceden.

El Presidente, impactado, se lo toma como una brillante metáfora de la situación económica. Pero no es una metáfora: Gardner no sabe hablar de nada más que no sea jardinería.

A pesar de ello, es indudable que Gardner -sin ninguna pretensión intelectual- ayuda al presidente porque le transmite de forma sencilla dos grandes ideas vigentes ayer, ahora y siempre:

  1. La importancia de la base de las cosas
  2. El carácter cíclico de la realidad

En un tiempo como el que vivimos, en que parece que personas, empresas y países caminamos por el borde de un precipicio, Gardner nos está dando la fórmula para comprender la situación y hacerle frente.

Por un lado, nos dice que el crecimiento depende en primer lugar de las raíces (y no de los incentivos puntuales a los cuales hace referencia el presidente).

No importa que el sujeto sea una persona, una empresa o un país, la salida de cualquier crisis pasa necesariamente por ir a la base de aquello que hacemos, de cómo lo hacemos y de por qué lo hacemos. Las raíces son precisamente esto. No son otra cosa. Si las raíces son fuertes, el futuro es nuestro. Sólo valen las soluciones estructurales.

Después están las estaciones, y ante el paso de las estaciones poca cosa se puede hacer. ¿Nos podemos resistir al fin del verano? No. ¿Podemos atajar una gran crisis en días, semanas o meses? No.

Debemos aceptar el dictado de los ciclos y, a la vez, buscar soluciones sin quedarnos en la superficie. Tenemos que ir a la esencia de las cosas.

“Mientras las raíces estén en buen estado, todo va bien… Y todo irá bien al jardín.”