Hace unas semanas volví a ver In Time, una película de ciencia ficción que no pasará a la historia, pero cuya trama me fascinó.

La acción, situada en 2161, retrata una sociedad de personas jóvenes y guapas, que gracias a la alteración genética dejan de envejecer el día que cumplen 25 años. A partir de esa edad, a todas las personas les queda un año de vida y llevan un implante en el brazo que marca esa cuenta atrás.

El año de vida (8.760 horas) es la riqueza que las personas administran a partir de los 25 años, porque el tiempo ha reemplazado al dinero como medio de pago. El salario se cobra en tiempo, y todo se paga en tiempo.

Esto hace que no todas las personas vivan 25+1 años. Lo hay que no llegan, porque sus gastos superan a sus ingresos, y los hay que viven más de 100, porque consiguen acumular más tiempo del que pueden gastar. Administrar bien el tiempo es una cuestión de vida o muerte.

La mayoría de la población vive prácticamente al día, con trabajos precarios, sobreendeudada y sufriendo los efectos de una elevada inflación que reduce su esperanza de vida. Las personas pueden pedir créditos de tiempo pagando unos intereses muy elevados.

Una minoría, quienes controlan la administración, las empresas y los bancos, reside en zonas acomodadas y disfruta de una esperanza de vida mucho más elevada. Han acumulado todo el tiempo que falta en el gueto.

Como metáfora extrema de la sociedad donde vivimos, me pareció muy interesante.

Por otro lado, siempre me ha llamado interesado la relación entre tiempo y dinero. Y en este sentido las grandes preguntas serían: ¿Cuántas horas tengo que trabajar para poder conseguir una suma de dinero determinada? ¿Qué productos o servicios puedo adquirir con este dinero?

Las empresas industriales saben exactamente cuántas horas de trabajo incorpora cada producto. ¿Tú sabes cuántas horas de trabajo te cuestan tus gastos?

Veamos algunos ejemplos:

Una persona que cobra el salario mínimo en España en 2018 (735,90 €) percibe unos 4 € por hora trabajada. A esta persona, un menú de 8,50 € le cuesta 2 horas de trabajo. Una noche de hotel de 150€ le costaría casi una semana de trabajo.

Alguien que ingresa 1.500 € mensuales no llega a los 9 €/hora. El menú le cuesta casi una hora de trabajo, y la noche de hotel dos días de trabajo.

Un individuo que ingresa 10.000 € mensuales percibe unos 60 €/hora. El menú de 8,50 € le cuesta sólo 8 minutos de su trabajo, y la noche de hotel de 150 € dos horas y media de trabajo.

Por lo tanto, como la película, tú también puedes saber cuánto de tiempo te cuestan las cosas. Puedes hacer el ejercicio. Divide tu sueldo neto mensual entre las 170 horas que trabajas cada mes.

Si cobras 1.500 € mensuales y pagas un alquiler de 800 €, quiere decir que de las 170 horas que trabajas cada mes, 90 te sirven para pagar el piso. Te sobran 80 horas/mes para el resto de gastos.

La próxima vez que pagues el alquiler o la hipoteca, piensa. Estos 800 € representan 90 horas de trabajo (más de 11 jornadas laborales).

Te puedes sentir afortunado: con el salario mínimo necesitarías 23 jornadas laborales para el alquiler de 800 €.

También te puedes sentir un poco desgraciado: con unos ingresos de 10.000 € tendrías bastante con 14 horas de trabajo para pagar el alquiler.

En un momento de la película, el protagonista consigue salir del gueto y llega a la zona donde viven los ricos. Enseguida lo identifican: “La gente rica no corre como tú, ni come tan deprisa, parece que no tengas tiempo”. Normal, a los pobres parece que el tiempo se les eche encima.